Este dicho nos acompaña desde la Edad Media. De todos es sabido que una de las actitudes humanas más conocidas es la de escurrir el bulto y echarle la culpa a otro de nuestros errores, más conocido el hecho como «echarle el muerto a otro».
La cuestión es que en plena Edad Media, los bandoleros, villanos y reyertas proliferaban por doquier. Cualquier ocasión era buena para buscar una trifulca o cometer un asesinato hasta que las autoridades decidieron intervenir.
Y el castigo era: si no aparecía el culpable del acto, el pueblo entero sería obligado a pagar una multa al rey. Entonces la picardía hizo acto de presencia y si algún aldeano encontraba un cadáver tirado avisaba a otros vecino para llevarlo a una población cercana y lavarse las manos, evitando así tener que pagar la multa al rey.
Fuente: quo.es
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